Un hallazgo excepcional revela cómo se reproducían los cocodrilos durante la “Era de los dinosaurios”.  

Un equipo internacional, del que formaron parte investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales, acaba de revelar en un artículo recientemente publicado en la revista norteamericana Journal of Vertebrate Paleontology, el descubrimiento de tres conjuntos de nidos fósiles con un tamaño excepcional: la colección representa las nidadas más grandes jamás registradas de cocodrilos fósiles en todo el mundo y ofrece evidencia sin precedentes sobre el comportamiento reproductivo de estos animales al final de la Era de los dinosaurios.

Estos nidos fueron descubiertos entre 2020 y 2022 durante las excavaciones en el Sitio Paleontológico José Martín Suárez en Presidente Prudente (Brasil), con un total de más de 80 huevos. Los especímenes se encontraron excepcionalmente bien conservados y aún en posición de puesta. 

Tras la recolección en el campo, realizada por el equipo de investigación, el material fue enviado al Museo de Paleontología de Marília para su preparación, almacenamiento y estudio. Para el análisis de los huevos se emplearon diferentes métodos, como la tomografía computarizada (TC) de especímenes aislados, la microscopía electrónica de barrido (MEB) y la petrografía de sección delgada, lo que permitió la identificación de las estructuras microscópicas de las conchas.

“Las rocas de Presidente Prudente, en particular, y del oeste de São Paulo, en general, protegen una diversidad única de vertebrados fósiles terrestres, tanto por su preservación como por la variedad de especies descubiertas. Nuestro socio William Nava ha estado excavando este sitio desde 2004, y el descubrimiento de estos nidos es sensacional. Los fósiles de este sitio seguirán siendo noticia en el ámbito académico y público debido a su importancia científica,” destacó el paleontólogo Dr. Agustín G. Martinelli, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales y codirector de la tesis doctoral de Giovanna Paixão. 

La investigación amplía el conocimiento sobre las estrategias reproductivas de los crocodilomorfos en paralelo con los cocodrilos actuales. “Los nidos fósiles, especialmente los bien conservados, son escasos y dependen del contexto geológico y paleontológico en el que se encuentran. La presencia de tantos huevos asociados implica que el sitio fue un entorno de anidación. Estos materiales revelan características conductuales y evolutivas cruciales para comprender las estrategias reproductivas de los cocodrilos actuales”, afirma Giovanna Paixão, estudiante de doctorado del Departamento de Paleobiología de la Universidad Federal de Pampa (Unipampa), quien dirigió el estudio.

Se identificaron dos direcciones de oviposición, lo que implica que los huevos se depositaron en más de un evento. Los análisis también indican que vivían en ambientes más húmedos, como lo sugieren los poros presentes en sus caparazones. Además, la gran cantidad de huevos por nido es similar a la que observamos en los cocodrilos modernos y nos ayuda a comprender cómo estos animales se adaptaron a su entorno. 

El sitio se formó hace aproximadamente 87 millones de años, en el Cretácico Superior, es decir, al final de la Era de los Dinosaurios. La sedimentación de esa época preservó una fauna rica y variada, que incluía crocodilomorfos, tortugas, peces y dinosaurios carnívoros. William Nava, del Museo de Paleontología de Marília y uno de los descubridores de los primeros huevos, destacó que “Este hallazgo, así como el de las aves del Cretácico, demuestra la relevancia de este lugar, que durante muchos años fue un páramo insignificante, pero que albergaba un inmenso tesoro de millones de años de antigüedad. Me siento privilegiado por la oportunidad de revelar la primera evidencia de fósiles allí en 2004 y de persistir en las excavaciones durante todos estos años, sacando a la luz vestigios de criaturas fantásticas”. 

Como parte del equipo, el técnico del CONICET Jonatan Kaluza, de la Universidad Maimónides/Fundación de Historia Natural Félix de Azara resaltó: “Si tenemos en cuenta que menos del 1% de todas las especies animales que existieron a lo largo de la historia de la vida en la Tierra llegó a fosilizarse, este hallazgo representa en sí mismo una foto instantánea de la vida en el pasado, y además permite aportar datos particularmente interesantes sobre la reproducción de estos animales, ya que una nidada preservada ofrece evidencia directa de cómo y dónde ponían sus huevos, en qué condiciones lo hacían y qué aspectos de su conducta reproductiva pueden inferirse a partir del contexto en que quedó registrada”.

El esfuerzo conjunto incluye investigadores y técnicos de distintas instituciones de Brasil, Argentina y Estados Unidos: Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (Buenos Aires, Argentina), Museu de Paleontologia de Marília (Marília, São Paulo, Brasil), Laboratorio de Paleobiologia de la Universidade Federal do Pampa (São Gabriel, Rio Grande do Sul, Brasil), Universidad Tecnológica Federal de Paraná-Campus Dois Vizinhos (Dois Vizinhos, Paraná, Brasil), Universidade Estadual de Londrina (Londrina, Brasil), Universidad Maimónides-Fundación de Historia Natural Félix de Azara (Buenos Aires, Argentina), y el Dinosar Institute del Natural History Museum of Los Angeles County (Los Angeles, USA).

Imagen 1: Reconstrucción de un cocodrilo peirosaurido y las nidadas. Por Lautaro Rodriguez Blanco. 

Imagen 2: Una de las nidadas, con más de 45 huevos y una tomografía computarizada de uno de los huevos.

Imagen 3: Extracción de nidada en 2022, con Agustín Martinelli, Jonatan Kaluza, Guillermo Navalón y Sebastián Rozadilla.